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Salmos 22, 23 y 24

Una de las cosas que interesa al leer los salmos, es su continuidad en los capítulos. Por algo están ordenados de la forma divina en que lo están. Precisamente es una de esas secuencias que podemos tratar tomando los textos proféticos del Mesías encontrados en el Primer Libro de Salmos, y es referente a los conocidos capítulos 22, 23 y 24.

Antes de entrar de lleno al capítulos 22, debemos hacer una reseña genealógica de las profecías mesiánicas encontradas en éste libro. El primer texto sería Salmos 14:7 donde encontramos la promesa de que vendría un Salvador para Israel, donde todos se regocijarán en su salvación. Prometida estaba la muerte del Hijo de Dios para con la humanidad, ya que sólo de ésta manera gozaríamos de la felicidad que el pecado nos quitó. Que otro texto más explícito con respecto a éste asunto es Salmos 40:6-8 donde el mismo Salvador señala que su venida está escrita. Y no solamente su venida escrita en un rollo, sinó que trae la voluntad de su Padre escrita dentro de su corazón ("Me deleito en hacer tu voluntad, Dios mío; tu ley está dentro de mi corazón"). Y eso es lo maravillosos: el Hijo de Dios venía a cumplir la voluntad de su Padre, el cual deseaba que todos fuésemos salvos por intermedio de la sangre de Cristo Jesús. Entregó a su propio Hijo en holocausto por nosotros.

Y nos acercamos al momento de la cruz, donde la traición de Judas es profetizada en Salmos 41:7-9 donde el amigo que comía de su propio pan, levantó contra El su calcañar. Y muchos versículos en un mismo capítulo (nos referimos a Salmos 35: 7,11,12,15,16,19,21) ya nos introducen al sacrificio mismo del Señor Jesucristo en la cruz, haciendo referencia hacia sus enemigos que levantaron calumnias como ladrones y lisonjeros en contra del Hijo de Dios, el hombre santo que había pisado esta tierra.

Como decíamos en un comienzo, hay lugares en que lo apropiado de la secuencia de los salmos puede llevarnos a un estudio muy interesante. Y es por ejemplo estos tres salmos en secuencia. Por ejemplo, en el Salmos 22 representa los sufrimientos de Cristo en su redención por la humanidad. En el Salmos 23, como consecuencia de su redención por nosotros, el Señor asume su papel de Pastor, y toma cuidado de las ovejas; y ya en el Salmos 24 se celebra la entrada del Rey de Gloria a través de las puertas eternas (lindo punto a tratar como conclusión en éste estudio).

Quitando ya los preámbulos, entraremos con el Salmos 22, que es el motivo de éste estudio, debido a que es un salmos en donde notamos las propias palabras del Señor Jesús cuando murió en la cruz. Es un salmos netamente referido a El, y a ningún otro (eso debemos dejarlo en claro). Entremos con Salmos 18:4-8 donde ligaduras del Seol rodearon a nuestro Señor Jesucristo y, dentro de tal angustia, invocó a su Padre, el cual le respondió con un temblor, ya que él se indigno. Todo esto lo recordamos en el momento de su muerte.

La lectura de estos tres salmos hace pensar en el paso de la noche al día. La primera parte es sombría, tenebrosa; la segunda es cómo el despertar del sol que inunda el campo, devuelve las cosas a la vida, y la alegría al corazón de la humanidad.

1. El primer grito de angustia (22:1-2)
Está claro que cualquiera que lee estos primeros versículos recuerda las palabras de Jesús en Mt 27:46 o en Mr 15:34. Leemos en Salmos "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?"

La versión de las Américas es más explicativa y extensa en éstas palabras, diciendo es sus referencias "Por qué estás tan lejos de mi victoria y de las palabras de mi rugido?. Palabras mismas dichas por Jesús en la cruz, algo que no debemos olvidar. Es verdad, estas son palabras dichas por David, pero son dichas inspiradas por el Espíritu Santo, como ocurre con el Salmos 2, explicada esta situación en Hechos 4:25:27. Lo mismo está ocurriendo aquí: palabras dichas por la boca de David, inspiradas por el Espíritu Santo convirtiendo a éste salmo en un Salmo Mesiánico. Aunque no olvidar que David también dijo palabras similares (no iguales, ya que no se comparan al del Salvador) en sus momentos de angustia (Sal 10:1 ; 42:3).
Encontramos en el encabezado de éste salmo - cómo ocurre en muchos otros- palabras del texto original que dan un pié de partida en la entonación o en el sentimiento que el salmos respectivo debe llevar. Y es la palabra Ajelet-hasahar. La versión de las Américas señala una traducción a "la cierva de la aurora". La Versión Moderna parece ser la mas confiada en traducir estos textos, al decir claramente "A la tonada de la Cierva del Alba" son escribir la palabra original. Esto podría referirse proféticamente a la resurrección del Señor después de la Cruz. Podríamos seguir especulando respecto a su significado, pero la moderna crítica no ve otra cosa en estas palabras que el nombre de alguna música con la que se cantaba éste salmos o una nota explicativa del tiempo.

2. El contraste: la angustia está cerca, no hay quien ayude (22:3-11)
La alabanza del Hijo hacia su Padre se hace notar en estos versículos, al decir "Sin embargo, tu eres santo" versión de las Américas. Nuestro Señor Jesucristo podía estar sufriendo en esa cruz, recibiendo oprobios e injurias, pero nunca olvidó la santidad de su Padre y el cuidado que El le proporciono durante todo su ministerio aquí en la tierra. Con respecto a la santidad del Padre, podemos encontrar referencias en Salmos 99:9.

Los antepasados del pueblo de Israel confiaron en el mismo Padre en el que Jesús lo estaba haciendo. Confiaron en él y los libró (Sal 78:51-53 ; 107:4-6) de cuanto asecho caído en contra de Su pueblo amado. Cristo Jesús estaba confiando en el mismo Padre en que lo hicieron los antepasados, pero en el momento de la cruz era tiempo de morir y sufrir por la humanidad. Como podemos recordar, Cristo llevaba clavada en esa cruz los pecados de la humanidad y el Padre no podía estar en contacto con ellos. Por eso el abandono momentáneo de un padre hacia su hijo. Tal fue la degradación sufrida por Jesús que señala con sus propias palabras "Mas yo soy gusano, y no hombre" versículo seis. Este término de gusano era aplicado a todo animal invertebrado. Ataca a los vegetales (Dt. 28:39 ; Jon. 4:7); al maná durante la noche (Ex 16:20); a los cadáveres (Is 14:11 ; 66:24 ; Mr 9:48) o a los intestinos de alguien, provocando su muerte (Hch 12:20-23). Pero los más importante que debemos recalcar de ésta expresión es que el ser humano, débil criatura, es comparado con un gusano (Job 25:6). El Señor lo usa proféticamente aquí como indicación de lo hondo de su humillación en su muerte. Podemos imaginar su cuerpo en el madero, casi sin figura humana. Ya no tenía semblante o una silueta como cualquier ser humano. Tantos golpes y latigazos lo habían desfigurado de tal manera, que su apariencia era la de un gusano, la de un animal invertebrado. Ese fue el sufrimiento que Cristo llevó por ti es su cruz.

Y no solamente golpes, sino que también agredido verbalmente, esto encontrado es textos como Lc 23:35 sin ir mas lejos. La versión de la Américas es más categórica en la traducción del versículo ocho, optando un carácter en primera persona de los judíos ese día de la crucifixión de Cristo, diciendo "Que se encomiende al Señor; que El lo libre, que El lo rescate, puesto que en El se deleita". Notemos el contraste: todos los antepasados se encomendaban al Padre, y estos eran librados y no avergonzados. Pero aquí encontramos al Hijo de Dios, sólo con los pecados del mundo en la cruz, sin ese cuidado muriendo por nosotros, los pecadores. El Cristo, quien fue apoyado por su Padre desde antes de nacer ("A ti fui entregado desde mi nacimiento; desde el vientre de mi madre tu eres mi Dios" versión de las Américas) sentía próxima la angustia de la cruz, y él sabía que su Padre no iba a estar allí ayudándolo a sobrellevar nuestras culpas. Pero no fue avergonzado, resucito al tercer día y nos dio vida en Su luz (es verdad lo que leemos en Salmos 25:2,3).

3. El sufrimiento de Cristo (22:12-18)
Aparecen fuertes figuras en contra de nuestro Salvador, figuras de toros, especialmente los de Basán. Ésta es una fértil región oriental del Jordán. Es famosa por sus ricos pastos (Mi. 7:14), sus encinas (Ez.27:6) y por su ganado mayor (Dt. 32:14 ; Ez 39:18 ; Am 4:1). Esta fuerza estaba atacando al Hijo de Dios en la cruz, abrieron contra él sus bocas y como león rugiente atacaron y mordieron. Nuevamente otra figura muy conocida en las Escrituras, la del león, animal con fuerza (Pr 30:30), característico por sus dientes y muelas (Jl 1:6) listo para atacar (Gn 49:9) muy recordado por su referencia al diablo en éste punto (1 P 5:8). Otro animal que aparece aquí es el perro, animal que lame la sangre derramada (1 R 22:38) y devora cadáveres (1 R 14:11; 2 R 9:35,36). Con éste término se emplea de forma metafórica para designar a los que son incapaces de apreciar lo grande y lo santo del reino (Mt 7:6).

Estos mismo estaban delante del Cristo, reunidos frente a El toros, leones y perros para atacarle e injuriarle. Todo esto paso el Cristo por nosotros los pecadores.
Aparece en esto versículos lo ocurrido en Lucas 23:34 cuando dice el salmista "Reparten mis vestidos entre sí, y sobre mi ropa echan suertes" y también los clavos pasados por su cuerpo cuando dice "Me horadaron las manos y los pies"

4. El canto de alabanza (22:19-31)
Posteriormente vendría dentro de éste salmo el verdadero salmo, palabras que glorifican a Dios y a su infinito poder. Lo que queremos recalcar es el versículo 31, el cual señala "Vendrán y anunciarán su justicia; a un pueblo por nacer, anunciarán que El ha hecho esto". Posiblemente nos estamos refiriendo a la predicación del evangelio en todo el mundo, pero esto queda en duda al ver que desde el versículo 30 estamos hablando de Jehová y es solamente un salmo de alabanza y no, en éste caso, uno profético.
5. Cristo como Pastor de las Ovejas (23:1-6)
Y esto es lo maravilloso de las secuencias de los salmos. Después de que Cristo murió en la cruz, resucita para salvarnos del pecado, el Padre no dejo que su alma reposase en el Hades (Sal 16:8-11) ahora deja su calidad de humano y asciende al cielo como el pastor de las ovejas. No solamente vemos esto en los salmos, ya que debemos recordar, por textos de los evangelios, que nosotros somos como ovejas perdidas, sin pastor que nos guíe (Mt 9:35-38). Pero ahora, con el sufrimiento que Cristo tuvo en la cruz, tenemos un pastor, el cual nos guía en esta vida oscura (leer Juan 10:1-18 todo referente al Cristo como pastor y nosotros como las ovejas, agregar 1 P 2:25). Cristo resucitó, y ahora es nuestro Pastor (Heb 13:20).
6. Cristo, el Rey de Gloria (24:7-10)
Pues nuestro pastor ahora, en estos versículos, es mostrado como el Rey, el gobernador de la tierra que venció la muerte y está a la diestra del Padre, siendo parte de la Deidad. Jesucristo es el Rey eterno, inmortal, invisible, único Dios, el cual es ejemplo para todos nosotros los cristianos, al cual le debemos honor y gloria (1 Ti 1:16,17).



(Por Jeff Michell R.)